Cada persona y cada momento es una pieza clave del rompecabeza de nuestra vida. Todos alguna vez nos hemos preguntado el por qué.
El por qué llegó una persona a nuestra vida para irse tan rápido o para hacer tanto daño. O por qué estamos viviendo una situación injusta. Esa pregunta, cuando no tiene respuesta, puede convertirse en una trampa.
Soltar el «por qué» no significa resignarse. Significa elegir la paz sobre la parálisis.
El problema con el "por qué" es que muchas veces no tiene respuesta, o si la tiene, no es la respuesta que queremos. Y en esa búsqueda nos quedamos atascados, dando vueltas en círculos, mientras la vida sigue pasando frente a nosotros.
Lo que sí podemos controlar es cómo respondemos. Podemos elegir soltar la necesidad de entender todo. Podemos elegir confiar en que cada pieza, aunque no la veamos completa ahora, tiene su lugar en el rompecabeza.
Hay una libertad enorme en decir "no sé por qué pasó esto, pero elijo seguir adelante". No es negación. Es sabiduría. Es priorizar tu paz sobre tu necesidad de control.