Cuando se trata de inseguridades o miedos, lo mejor que puedo hacer es primero actuar. Eso va fortaleciendo mi mente y luego mejorando mis pensamientos.
Eso va fortaleciendo mi mente y luego, mejorando mis pensamientos. Me ha pasado en múltiples ocasiones. Y cada vez que doy ese paso, el miedo pierde un poco más de su poder sobre mí.
El miedo no desaparece cuando piensas más. Desaparece cuando actúas a pesar de él.
El miedo existe para protegernos, pero muchas veces nuestro cerebro no distingue entre un peligro real y uno imaginado. Nuestra mente es extraordinariamente creativa para construir escenarios catastróficos que nunca llegan a ocurrir.
Cada pequeño paso que damos a pesar del miedo crea evidencia nueva en nuestro cerebro: evidencia de que somos capaces, de que sobrevivimos, de que el mundo no se derrumbó. Y esa evidencia acumulada es lo que, poco a poco, transforma nuestra relación con el miedo.
No se trata de ser valiente de golpe. Se trata de ser valiente un segundo más de lo que el miedo te lo pide. Un paso. Luego otro. Luego otro más.