Y por mudanza de país. Todo en el mismo período. Y sin embargo, al otro lado de todo eso, encontré algo que no esperaba: una paz más sólida que cualquier cosa que hubiera tenido antes.

La paz real no viene de la ausencia de problemas. Viene de saber que puedes sobrevivir a ellos.

La paz sostenible no es la que tienes cuando todo va bien. Esa es fácil. La paz sostenible es la que permanece incluso cuando las cosas se complican. La que no depende de las circunstancias externas sino de algo más profundo dentro de ti.

Esa paz se construye en los momentos difíciles. Cada vez que atraviesas algo duro y sales al otro lado, depositas un poco más de confianza en ti mismo. En tu capacidad de sobrevivir. De adaptarte. De seguir.

No busques la paz evitando el dolor. Encuéntrala aprendiendo a caminar a través de él con gracia. Eso es lo que la pandemia, con toda su dureza, me enseñó. Y es el regalo más inesperado que me pudo dar.