Sea para alegrarnos, para molestarnos, para ofendernos, para defender nuestro punto de vista, lo hacemos como si no hubiese un mañana. Las emociones son válidas, pero hay momentos en que necesitamos elegir conscientemente cómo responder.

La positividad no es ignorar lo difícil. Es elegir qué hacer con ello.

Aquí tres situaciones concretas donde practicar una actitud más positiva marca una diferencia real:

  • Cuando comparamos nuestra situación con la de otros: La comparación casi siempre nos roba alegría. Cada uno tiene su propio camino, sus propios tiempos, su propio contexto.
  • Cuando algo no sale como esperábamos: Podemos quedarnos en el lamento o podemos preguntar: ¿qué aprendí? ¿qué puedo hacer diferente? Esa es la diferencia entre una mentalidad de víctima y una de crecimiento.
  • Cuando sentimos que no avanzamos: El progreso no siempre es visible. A veces estamos echando raíces antes de crecer. Confía en el proceso aunque no puedas verlo todavía.